Adentrarse en "La Piel de la Alcarria" es un ejercicio de desaprendizaje visual. En esta muestra, el fotógrafo Nacho Abascal evoluciona desde su consolidada trayectoria en el fotoperiodismo hacia una exploración aérea que transforma el paisaje en una superficie viva y orgánica. Al elevar la mirada, Abascal nos propone redescubrir la identidad de nuestra tierra, no como un horizonte lejano, sino como un lienzo infinito de texturas, geometrías y silencios.
Esta propuesta nace de la voluntad de observar la geografía como un organismo complejo. El título captura la esencia de la obra: las imágenes revelan los poros, cicatrices y relieves de una tierra que respira y guarda memoria. Para lograr esta metamorfosis, el autor emplea tecnología de drones y una perspectiva cenital que anula por completo el cielo. Al situar la lente en perpendicular absoluta sobre el terreno, el mundo pierde su profundidad convencional para ganar una tridimensionalidad simbólica, esculpida por una luz que resalta cada surco y cada sombra.
Este punto de vista inédito nos aporta una nueva sensibilidad. Al despojarnos de las referencias habituales, la exposición nos sumerge en la abstracción: lo que parece un trazo de pincel sobre un óleo resulta ser una chopera o un campo recién labrado. Esta desorientación inicial invita a una íntima conexión con el entorno, revelando la armonía estética entre la naturaleza y la labor humana. Contemplar estas obras es reconocer que la belleza de la Alcarria reside en ese orden oculto que solo se manifiesta ante quien se atreve a mirar desde el firmamento, permitiéndonos volar sin despegar los pies del suelo.